Es un
mirador natural, su nombre es de origen cañari, significa "Lodo de
la Chiva", supuestamente sitio sagrado para quienes habitaron
este sector, la arqueología encontrada en este lugar pertenecen al período de
integración 500 a 600 años aproximadamente.
En el trayecto a la cima se pueden
observar bosques, cascadas, arqueología, y puede ser visitado durante todo el
año.
Ubicación
Se halla ubicado en la Parroquia
Salvias, hay un tiempo aproximado de una hora y media desde Zaruma en vehículo
y una hora y media de caminata hasta la cima del cerro.
Altura
El Cerro Chivaturco cuenta con una
altura de 2.557 metros.
Clima
Temperado Mesodérmico. La
temperatura promedio es de 25 grados centígrados.
Flora
La flora
se encuentra representada por: Guabas silvestres, laurel, guachapeli,
pachaco, guasmo, caña guadúa, cedro, samán, piñón, palo de balsa, amarillo,
matapalo, caimitillo, caoba, tagua, palma en especies
frutales se encuentran naranja,
limón, aguacate, guaba, mango, chirimoya, guanábana, anonas, entre otros.
Fauna
Las
especies de fauna que existen están tucanes, mirlos, loras, serpientes,
caracoles, saltamontes, entre otros; y se ha comprobado que cuando los días
están soleados, aparece una infinidad de mariposas
de varios colores y tamaños.
Atractivos
• Paisaje: En el
trayecto a la cima se pueden observar bosques, cascadas, arqueología, es un
mirador natural y puede ser visitado durante todo el año.
• Cascada Chorro Blanco: Se halla localizada en la parte
posterior del Cerro de Chivaturcos, para llegar a éste lugar se parte desde el
Daule, a dos horas de camino, donde encontramos glifos, tallados en piedra que
consiste en una escritura hidrográfica, representada por símbolos muy antiguos.
Detalles
Otros Atractivos
• Bosque de Huayquichuma: Este bosque constituye un remanente
de bosque húmedo subtropical de estribaciones de cordillera occidental de los
Andes, el mismo posee especies de zonas andinas. Detalles
Posee exuberante vegetación, llena de encanto y magia
propias del paisaje de zarumeño, la flora es diversa, también cuenta con una
gran variedad de fauna silvestre.
Entre páramos y pajonales andinos se puede contemplar
la biodiversidad del lugar; el ascenso al cerro es una experiencia inolvidable
debido a los diversos atractivos naturales.
La aventura empieza desde la parroquia Salvias, en
donde se descubre los encantos del lugar y los secretos del pasado, este
recorrido dura hora y media aproximadamente hasta llegar a la cima de este mirador
natural.
Arquitectura y tradiciones bien conservadas y una exquisita gastronomía
criolla elaborada con excelencia, son solo una parte de los atractivos que
ofrece la ‘Ciudad de paz’. Esparcidos a su alrededor, los encantos de este
trozo de tierra orense forman un pequeño paraíso, cuyo recorrido demanda
ineludiblemente de un carro 4x4.Sus vías están destruidas.El fuerte invierno no
le dio tregua y ha dejado su huella de desastre en casi todos sus accesos
vecinales y principales.En la zona rural, las nubes de polvo se elevan con el
paso de los vehículos que se zarandean igual que los cuerpos de sus pasajeros.
Nadie está libre de resbalones y atascos, tras la caída de la lluvia que deja
las vías llenas de barro.
Pero el turista siempre aplica el dicho, “al mal tiempo, buena cara”, sobre
todo porque al final del accidentado trayecto, una grata recompensa los espera
en sitios como la cascada Chacac Capac, en la parroquia Salvias.
Cuando el alba se abre paso, tras el canto del gallo, en una mañana de abrigos
ligeros para aplacar el templado clima, Enrique Cedillo, exminero zarumeño,
encargado del volante, conduce al grupo de visitantes hacia la zona oriental
del cantón. Por la angosta vía Zaruma-Salvias, entre curva y curva, como todo
un piloto de rally, Enrique se enrumba hacia la comunidad Tambillo.
En medio de paisajes montañosos reluce a la distancia el cerro Chivaturco o
‘Lodo de Chiva’ (lengua cañari), ubicado a 2.557 metros, apto para el ascenso
de una hora y media de caminata, entre arboledas, pajonales y páramos, donde
saltan a la vista los vestigios que datan del período de integración (800 dC a
1535 dC), como testigos de la importancia del sitio para las antiguas culturas
prehispánicas.
Ese no era el día para explorar sus bondades, sino de avanzar a la torrente
cascada, no sin antes hacer una parada para probar una de las delicias
culinarias tradicionales de Zaruma, en San Antonio, otra de las poblaciones
aledañas a la cabecera cantonal. Allí esperaba a los ávidos aventureros un
suculento ‘molido de maní’, platillo preparado con verde majado artesanalmente
en piedra por las manos de Mercedes Zhune, quien lo mezcla a mano limpia con el
maní y coloca huevo frito encima, para un desayuno fortificante.
Con el paladar y el corazón ‘contentos’, se retoma el camino de 33 km. en
carro rumbo a la Chaca Capac. Ya en Tambillo, desde un punto donde finaliza la
carretera, era tiempo de ‘reemplazar’ las ruedas por las piernas y emprender
una caminata de descenso de algo más de 40 minutos, según el estado físico.
Es que, el sendero es todo un desafío, pero también un gran placer para los
amantes de los trekkings profesionales, con grado de dificultad medio.
Entre frondosas enredaderas, trepadoras, monte y plantas florales como las
miconias, clavijas y orquídeas, típicas de un bosque húmedo, que se tiñe con
distintos tonos de verde y, en tramos, la tierra ‘salpica’ el suelo del paisaje
con color marrón, donde las indispensables botas de caucho dibujan su huella
exploradora. Se avanza hacia la pródiga fuente de agua que alimenta el río
Tambillo.
A ratos, el sonido interno del cuerpo se escucha... El corazón se acelera,
retumba el pecho, y el ‘silbido’ de la respiración crece con la agitación y
todo aquello se mezcla con el canto de las aves e insectos, y con el choque del
agua contra el suelo, que anuncian la cercanía de la Chaca Capac, que es una
vertiente de 60 metros de altura que cae con fuerza y al final del ‘velo’ de
agua, se eleva por los cielos y la ventisca se encarga de esparcir en millones
de micropartículas, que imitan a la lluvia. Ahí, al pie se forma una pequeña
piscina apta para bañarse. Sin duda, la recompensa es justa y necesaria para
los aventureros, quienes se revitalizan, tras el laborioso, pero divertido
descenso no apto para cardiacos.
Un paisaje maravilloso se revela ante la mirada del visitante, que llena sus
pulmones con ese aire que lleva olor a tierra viva. Una que otra carcajada se
suelta, cuando los más distraídos resbalaban por el fango, más en el regreso,
durante el cual hay que redoblar esfuerzos para el ascenso. Una travesía
interesante para un día de paseo poco convencional.
YACIMIENTO ‘ESCULTÓRICO’
Con la adrenalina al tope, los viajeros se disponen a seguir descubriendo la
bella y natural Zaruma, tras haber disfrutado de esa parte no imaginable en una
ciudad conocida por su calma. Esta vez la ciudad orense pone a la orden del
turista los ingredientes geológico y arqueológico, y nos lleva del clima
templado al frío intenso del páramo en Cerro de Arcos, donde el uso de gruesos
abrigos, guantes y bufandas se vuelve imprescindible.
Este atractivo está localizado en el sector oriental de la ‘Sultana de El
Oro’, donde se exhiben ‘monumentos’ escultóricos en roca de formas peculiares,
en los que no ha intervenido la mano del hombre.
Los caprichos de la naturaleza nuevamente hacen de las suyas, esta vez, en
el límite de las provincias de El Oro y Loja, a 3.500 metros sobre el nivel del
mar. Allá, en las alturas, tras 60 kilómetros de viaje por la vía
Zaruma-Salvias-Guanazán, se muestran firmes estos monolitos, formaciones
geológicas milenarias de origen volcánico.
Parecería increíble, pero un rinoceronte y una tortuga anidan justo allí,
donde el termómetro se altera entre -4°C y 15°C y el viento helado que silba
constantemente hace tiritar los cuerpos del viajero.
Entre pinos, follajes, achupallas, arbustos, ramales y raíces de árboles
revestidas de musgos, se generan reservorios naturales de agua, se hallan
inmóviles rocas que mimetizan grandes animales, y formas que semejan huellas de
zapatos gigantes, arcos y túneles, entre otras. Solo es cuestión de observar y
apelar un poco a la imaginación para entretenerse ‘dibujando’ figuras.
Debajo de algunos arcos, por los que toma su nombre el sitio, se hallan
algunas cuevas, donde los más arriesgados acampan para pernoctar y contemplar
por las noches un cielo estrellado, rodeados de uno que otro escurridizo
huésped, como el venado.
Antes de retirarse del laberinto pétreo, se hace una parada para admirar la
laguna de Arcos, no apta para el baño, debido a su baja temperatura y a las
trampas naturales (enredaderas) que crecen en su interior.
PETROGLIFOS
Ya de regreso, a 40 minutos de la ciudad, valía la pena, aunque fuese de
paso, descubrir parte de sus riquezas arqueológicas. En San Pablo, Gühizhagüiña
y Salvias están los petroglifos o piedras grabadas por civilizaciones antiguas
desconocidas.
Sus figuras siguen siendo un enigma para los expertos, debido a que aún no
se ha determinado a qué época pertenecen. Mirar estas ‘obras de arte’ de
líneas, círculos y dibujos tallados en la piedra, con figuras peculiares,
parecen salidos de una película de ciencia ficción. Uno de ellos, como
testimonio de su existencia, fue trasladado al parque central de Salvias para
observarlo con más detalles y facilidad, sin necesidad de caminar varias horas
en sus áreas in situ.
RELIGIÓN
Otro de los ‘tesoros’ de Zaruma gira entorno a la cultura religiosa y
devoción católica. Aparte de su santuario principal, se encuentran ejemplos
impecables de valor Patrimonial como la iglesia de Malvas, a 10 minutos del
centro, en la zona occidental, donde se venera a San Jacinto. Sus columnas,
paredes, altar y techo de madera restaurada desde el 2009, donde se destaca el
cielo raso ‘resguardado’ por santos como Don Bosco y Mariana de Jesús, pintados
con la genialidad del artista riobambeño Eloy Narea, seduce las miradas de los
visitantes en un paseo que aporta notablemente con el turismo religioso, como
parte de los destinos que puede descubrir en Zaruma. / CCC
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